Siempre que se habla de platos icónicos de la cocina italiana , los espaguetis a la carbonara aparecen mencionados. Pero, ojo, que aquí en España tenemos la costumbre (para los italianos el sacrilegio) de hacer una versión con nata que poco o nada tiene que ver con la original. La verdadera carbonara, la que te sirven en Roma y la que regocija a cualquier amante de la buena mesa, s e hace con huevo, pecorino o parmesano y guanciale (si no encuentras este tocino puedes usar panceta en su defecto y en Italia lo considerarán un pecado venial). Por supuesto la nata y la cebolla para esta delicia italiana son pecado mortal. Te aseguro que, si la preparas bien, harás subir tu pasta hasta el altar de los dioses. La clave de esta receta está en lograr una salsa cremosa sin que el huevo se cuaje demasiado. No hay que tenerle miedo, solo hay que controlar bien la temperatura y prepararte para mezclar con energía en cuanto llegue el momento clave. Si puedes conseguir guanciale, mejor que mejor, pero si no, una panceta de calidad también puedes conseguir un muy buen resultado. El queso, por otro lado, es fundamental: pecorino romano para la versión más purista, aunque un buen parmesano también hace un trabajo excepcional. Si os gusta la cocina italiana y queréis probar un plato que, cuando está bien hecho, es una auténtica maravilla, esta receta es para vosotros. Y lo mejor de todo es que es fácil y rápida de preparar. Solo hace falta seguir unos pasos sencillos y tener en cuenta un par de trucos. Vamos a ello. Si bien la versión clásica es insuperable, hay pequeñas adaptaciones que pueden hacerla más accesible o ajustarse a diferentes gustos. Por ejemplo, si quieres una versión más ligera , puedes reducir la cantidad de guanciale o panceta. Para una versión vegetariana , hay quienes sustituyen el guanciale por champiñones salteados o incluso por frutos secos tostados para aportar un toque crujiente. Y si lo tuyo es experimentar, puedes probar con otro tipo de quesos curados, aunque eso ya nos aleja un poco de la tradición italiana. Un truco fundamental es no escurrir la pasta en exceso y no dejarla enfriar antes de mezclarla con la mezcla de huevo y queso. La clave está en la emulsificación del huevo con el almidón de la pasta y la grasa del guanciale. Y recuerda, si la salsa te queda demasiado espesa, puedes añadir un poco más del agua de cocción hasta alcanzar la textura deseada. Os aseguro que el resultado es infinitamente mejor que cualquier versión cargada nata. Además, es un plato económico, rápido y con ingredientes fáciles de conseguir . Cuando pruebas la verdadera carbonara, ya no habrá marcha atrás. Esa cremosidad natural del huevo, el sabor intenso del queso y el toque crujiente del guanciale crean una combinación que es pura magia. La próxima vez que tengas antojo de un buen plato de pasta, olvídate de la nata y haz la auténtica carbonara. Te prometo que no te arrepentirás.