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ay profesiones que se eligen por tradición familiar, otras por practicidad y otras porque sienten ‘La llamada’. Leiva (44 años) es de los últimos. Con apenas ocho años, escuchó tocar a un grupo de rock que le cambió la vida, Buenas noches Rose. "Fue el primer momento donde la música realmente me pegó fuerte en el pecho", confesaba en el podcast 'El sentido de la birra', de Ricardo Moya. Casi cuatro décadas después de aquel momento sigue subido a los escenarios haciendo lo que más le gusta.
Su madre ha sido ama de casa. Su padre, un poeta y escritor que llegó a ser director de comunicación del PSOE. Con ellos, José Miguel Conejo Torres –su nombre real– creció en el madrileño barrio del Paseo de la Estación, en Alameda de Osuna. Siente verdadera admiración por este lugar en el que convivían bandas de música de todo tipo. Como él dice, incluso tiene forma de guitarra eléctrica: "Era casi un centro cultural. Estábamos ahí todas las bandas y tribus urbanas tocando, era algo alucinante".
Desde aquel día en el que vio en directo a la banda Buenas noches Rose, decidió aprender a tocar la batería. Siguió con otros instrumentos. Llegó incluso a dejar el instituto para estudiar percusión clásica. Este jueves visita ‘El Hormiguero’ para presentar su nuevo disco, ‘Gigante’, y charlar con Pablo Motos sobre la gira que prepara por toda España.
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Pero no solo ha hablado de su música. Leiva también se ha animado a hablar de una complicada operación que le ha afectado al día a día. Al parecer, el cantante tiene una dolencia en su garganta: "Tengo un problema en una cuerda vocal". Esto ha hecho que "me han operado tres veces". En esta tercera ocasión, Leiva se vio totalmente afónico, sin poder hablar.
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"He pasado muchos meses sin voz. Hoy estoy un poco estrenándome. Te inhabilita mucho porque no puedes coger el teléfono, ir a la compra... Y como cantante... A ver, problemas gordos son otros, pero como cantante este no está nada mal", ha dicho.
Leiva se sincera sobre su hipocondría con Pablo Motos
Además de esta operación, Leiva ha tenido que hacer frente a un trastorno: la hipocondría. Según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, la hipocondría "es la preocupación y el miedo a padecer, o la convicción de tener, una enfermedad grave, a partir de la interpretación personal de alguna sensación corporal".
Pablo Motos ha querido saber cómo lo llevaba comentando que, en su videoclip nuevo grabado en una sola secuencia, había una escena en la que usa el lavabo y luego se come una mandarina. "No te has lavado las manos entre una cosa y otra [...] Eras hipocondríaco, ¿cómo lo llevas?", ha preguntado.
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"Estoy un poco mejor de ese asunto. Ya no voy a urgencias unas dos veces por semana", ha revelado. Sorprendido, el presentador ha querido saber cuál fue la vez en que su hipocondría le jugó una mala pasada. "Una vez, abriendo la puerta… Esto es absurdo", se ha interrumpido, riendo, antes de continuar: "Abriendo la puerta de una furgoneta muy vieja, me di un golpe en la frente. Era un golpe muy pequeño".
A pesar de no ser nada grave, "de repente, al poco tiempo, empecé a notar que la cabeza se me iba ligeramente hacia la izquierda. A los 20 minutos dije está pasando algo gravísimo y fui a urgencias", ha contado.
Los trabajos que tuvo antes del éxito de Pereza
Su primera vez sobre un escenario fue en 1994 en el pueblo de su padre, Olías del Rey. Entonces, aún se le conocía como José Miguel. Catorce años más tarde acabaría formando parte del grupo Pereza con un éxito abrumador. Pocos saben que en sus inicios eran cuatro.
Bajo el nombre de Sodoma y Chabola, recorrieron los clubes nocturnos de Madrid. A medida que el resto se iba alejando, Rubén Pozo y él luchaban cada vez con más ahínco para sacar el proyecto adelante. Pagaban el alquiler del local y los instrumentos como podían. Mientras que Ruben lo hacía pintando carreteras, Leiva trabajó como repartidor de pizzas y jardinero. Así hasta que un buen día un cazatalentos de RCA Records les fichó.
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En 2001, debutaron como Pereza. Siguieron trabajando hasta que sus canciones se convirtieron en himnos. Quien no ha cantado eso de "no quiero volver a hablar de princesas que buscan...". La aventura duró 10 años. En 2011, dicieron emprender caminos por separado. Entonces, comenzaron sus respectivas carreras en solitario. Leiva siguió haciendo lo suyo en 2012 con tanto éxito como con Pereza. Es de esos artistas que tiene la suerte de poder presumir de esto; algo parecido le ocurrió a Dani Martín después de que se disolviese El Canto del Loco.
El origen de su nombre
Es curioso cómo nació su nombre artístico. De pequeño, jugaba al fútbol y un día le premiaron con unas entradas para ver un partido del Atlético de Madrid. Por aquel entonces, Leivinha, un futbolista brasileño, formaba parte del equipo. Su gran parecido físico le llamó la atención y a partir de ahí decidió quedarse con ese apelativo.
"Ese día para mí fue muy importante en mi vida, me cambiaron el nombre y me llevaron a ver al Atlético de Madrid”, confesó en la entrevista en el podcast. Lo que nunca imaginó es que sería reconocido, como tampoco su hermano, el otro artista de la familia que forma parte de la banda Sidecars.
Su "supermedicina", la mujer que le salvó
Bajo ese sombrero tan característico, se esconde un hombre de gustos corrientes. Apasionado por la moda y amante de la naturaleza. Viven en un chalet en el barrio de Alameda de Osuna. Pero, además, cuenta con otra propiedad en una pequeña localidad entre Madrid y Toledo.
Se trata de un refugio situado en un terreno de 800 metros cuadrados donde disfruta del campo. Pocos saben que tiene un ojo de cristal por culpa de un accidente con doce años con una escopeta de perdigones. Perdió la visión del ojo izquierdo, algo que fue muy traumático para sus padres pero no para él.
Como curiosidad es hipocondríaco. "He convivido mucho con el miedo. En ese aspecto, creo que estoy en un buen momento. Como bien dijo una amiga mía, tengo miedo a las enfermedades raras. Una enfermedad tan mainstream en principio no me asustaba", decía en una entrevista en El Mundo, haciendo referencia al coronavirus.

Leiva, con traje gris con pantalón acampanado, camisa azul, de Gucci.
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Leiva ganó un Goya en 2018 por ‘La Llamada’. Macarena García también formó parte de ese proyecto. Mantuvieron una relación durante ocho años, una que empezó en 2014 cuando él estaba en uno de los peores momentos de su vida. A día de hoy mantienen una gran amistad. De hecho, hace no mucho que el artista le dedicó unas bonitas palabras.
"Estuve ahí en terapia un par de años y tomando medicación, porque se me fue mucho de madre, ¿no? Y pues apareció Maca en mi vida y fue como un ángel de la guarda. Me curó, me sacó de ahí. Me ayudó y se me pasó y fue como una supermedicina", aseguraba en un entrevista en El País, añadiendo que todavía sigue siendo su ángel de la guarda. Al cantante no se le conocen más parejas desde entonces. Ella, en cambio, sí ha rehecho su vida.