Aquel fatídico día, la princesa desdichada lloró hasta quedarse sin lágrimas. Carolina de Mónaco había perdido al hombre de su vida en un cruel accidente en barco. La elevada velocidad que alcanzó el catamarán de Stefano dio al traste con su vida y también, en parte, con la de su viuda y sus tres hijos, que solo tenían 6, 4 y 3 años.
Era el 3 de octubre de 1990 y aquella no era la primera tragedia que se cruzaba en la vida de Carolina. Ocho años atrás, la hija de Rainiero y Grace Kelly se abrazaba al ataúd de su madre, fallecida en un accidente automovilístico.
La versión oficial de lo que ocurrió la noche del 14 de septiembre de 1984 asegura que era la actriz quien conducía cuando su vehículo se salió de la carretera, precipitándose en una caída libre de 30 metros. Otras versiones cuentan que no era ella la que conducía, sino su acompañante, una todavía adolescente princesa Estefanía.
Una noticia desagradable para Carolina
Las vidas de los Grimaldi podrían contarse uniendo desgracias, pero, en el caso de Carolina, todas estas comparten el mismo denominador común: la velocidad como amante y enemigo. Los príncipes y princesas del diminuto estado parecen sucumbir sin remedio a las mieles del acelerador. Una afición tan adictiva como peligrosa. Y esto provoca escalofríos a la hermana de Alberto.
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Ahora, la princesa se ve obligada a mirar de frente a sus peores temores. El hijo más pequeño de su unión con Stefano, le ha anunciado una noticia que, probablemente, le haya puesto un nudo en la garganta: se enfrentará a una peligrosa carrera marítima.
Pierre Casiraghi, que ya tiene 37 años y es padre de dos hijos junto a Beatrice Borromeo, ha decidido que participará en lo que los expertos llaman una “regata extrema”, la Admiral’s Cup, que tendrá lugar en la isla de Wight, Reino Unido.
¿Cómo será la 'regata extrema' de Pierre Casiraghi?
Se trata de una de las competiciones de mayor tradición, puesto que lleva celebrándose desde 1957. Tras un parón de más de 20 años, este 2025 regresa al calendario de los aficionados a los deportes náuticos para contar, por primera vez, con la participación monegasca.
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Pierre y su hijo Stefano.
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Esta carrera de vela contará con el hijo de Carolina, puesto que él ejerce de vicepresidente del Yacht Club de Mónaco, y, además, posee una gran experiencia participando en regatas, aunque puede que esta sea su primera competición, en una prueba de estas peligrosas características.
“Probé las regatas oceánicas por primera vez en 2012 y desde entonces he corrido en múltiples transatlánticos y otras regatas”, dice el aguerrido participante en las redes sociales del club del que es vicepresidente. “La Fastnet de 2017 fue mi primera a dos con Boris Herrmann. Se trató de una carrera dura, pero emocionante y terminamos terceros en nuestra clase”, cuenta con orgullo.
Así fue la trágica muerte de Stefano Casiraghi
A Pierre, como le pasaba a su padre, le encantan esta clase de retos. Cuando Stefano murió, se encontraba participando en el mundial de off-shore, del que había sido campeón el año anterior. Con lo que no contaba este padre de tres hijos es que su embarcación, que se movía a una velocidad de 144 kilómetros por hora, iba a chocar, de manera violentísima, contra una ola, lo que provoco que esta volcara. El empresario falleció en el acto.
Cuando la tragedia tuvo lugar, su querida Carolina se hallaba en París, visitando a una de sus mejores amigas, la modelo y socialité, Inès de la Fressange. El mito dice que la fatal noticia la sorprendió mientras estaba en la peluquería, y que sin pensarlo, y del brazo de su íntima, pusieron rumbo inmediato a Montecarlo.
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Cuando Stéfano falleció, tenía solo 30 años y Carolina 33. La princesa vivió un dolorosísimo duelo. La pena y el estrés que le provocó la muerte de su esposo la llevo a padecer alopecia y, durante 6 años, solo vistió de negro, para demostrar a todo el mundo lo mucho que echaba de menos al amor de su vida.
A pesar de todo, Carolina de Mónaco no le guardó rencor al mar y procuró que sus hijos, a partir de entonces, tampoco se lo tuvieran. La costa del principado es uno de sus puntos fuertes y la princesa ha querido seguir disfrutando (y promocionando) este activo turístico de su país. Las escapadas en yates han seguido en su vida y sus hijos, además, participan en deportes náuticos, como es el caso de Pierre.
Ecologismo y sacrificio: las aventuras en alta mar de Pierre
“La navegación en alta mar es un deporte de resistencia: te lleva al límite y cuanto más trabajes, mayor será la recompensa. Algunas noches parecen largas, pero me encanta el desafío y eso es lo que me hace volver”, ha contado el joven, que ha seguido los pasos de su progenitor y, además, ha heredado parte de sus prósperos negocios.
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Pierre habla de “desafío” y no exagera. En 2019 protagonizó una verdadera proeza y lo hizo al lado de una de las ecologistas más importantes (y jóvenes) de los últimos tiempos, Greta Thunberg. Junto a su compañero de navegación, la adolescente y al padre de esta cruzaron el océano Atlántico para llevar a la menor hasta la Cubre del Clima. Para ellos era fundamental que el consumo energético fuera mínimo. Pretendían dar ejemplo y de nada habría servido presentarse en Nueva York en un vuelo privado, con el despilfarro de recursos que esto supone. Gracias a la energía solar que captaban los paneles solares instalados en el velero, lograron llegar a tiempo.
Las condiciones durante la travesía no fueron las idóneas. Durmieron en sacos de dormir en el suelo, cocinaron con un sencillo horno portátil de gas e hicieron sus necesidades en un cubo. Aun así, Pierre se sintió enormemente orgulloso de su proeza. Y ahora piensa repetirla, eso sí, con unas condiciones más cómodas. Aunque esto suponga un disgusto para su afligida madre.