La lección magistral que ya dio Gracita Morales hace 60 años: “Se reían de mí porque era fea y con la boca grande”

Recordamos a la actriz que falleció hace 30 años y dejó para Lecturas algunos titulares memorables

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Conchi Álvarez de Cienfuegos

Redactora Jefe digital de Lecturas

gracita morales
Mi Calle

Chacha. En el año 1965 a Gracita Morales no le importaba decir esta palabra que ha acabado tan denostada. Es más, la repetía con cierto orgullo. 

“A la hilarante Gracita Morales no le molesta en absoluto el encasillamiento”, se podía leer en uno de los números de la revista Lecturas. La revista charlaba con esta actriz que reconocía que, de pequeña, jamás la tomaban en serio cuando aseguraba que deseaba hacer cine.  “De niña, cuando decía que quería ser actriz, se reían de mí porque era fea y con la boca grande”, contó entonces. 

Para ella, era todo un privilegio pasar la bayeta ante la cámara, de hecho, entre risas, decía que este era “su hobby”. Gracita Morales abrazó con enorme ternura a esas mujeres que le tocó interpretar, a las de la fregona, la cofia y el uniforme planchado. Les insufló respeto y cariño, convirtiéndolas en roles esenciales en la ficción, como así lo eran de la vida real. 

gracita morales
Gtres

"Espero encontrar muchas chachas"

Su físico, su voz y sus maneras habían marcado una impronta que si quizás no le permitió acceder a otros papeles más sofisticados o más seductores, sí que le garantizó otros muchos que, con el paso del tiempo, han sido los que han perdurado. De hecho, 30 años después de su repentina muerte debido a una infección respiratoria, sigue indeleble en nuestro recuerdo. 

Entonces, cuando abrió su corazón a Lecturas, nos contó que se estaba preparando para marcharse a rodar en el extranjero. “Gracita ahora marchará a Alemania para rodar una película de miedo con José Luis López Vázquez”, recogía la publicación. “Allí espero encontrar muchos alemanes, muchas ‘chachas’ y algún electricista de Extremadura”, apuntó ella entre carcajadas. 

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Archivo Lecturas

Gracita se refería a ‘Un vampiro para dos’, el film de Pedro Lazaga que rodó en Alemania y en el que, una vez más, volvió a interpretar a alguien del servicio doméstico. A su lado, uno de sus compañeros más queridos, José Luis López Vázquez. Solo en 1965 hizo 5 cinco películas y todas auténticos ‘taquillazos’. Ella era una garantía para cualquier productor, que había visto en su peculiar vis cómica una auténtica mina de oro. 
El publicó la adoraba. Ella, que había crecido rodeada de los aplausos del teatro Calderón, propiedad de su madre, acabó recibiéndolos ella misma cada vez que aparecía en pantalla. En esos años estuvo casada con el pintor Martín Zerolo, junto al que trató de hacer realidad su sueño de ser madre que jamás vería completado.

Los años sesenta y setenta fue su gran época dorada. En los 80 empezó su declive emocional, víctima de una profunda depresión de la que le costó salir y que la llevó a varios intentos autolíticos. 

Finalmente, a los 66 años, se apagó aquella voz atiplada que tan buenos momentos nos hizo pasar, pero que, en tantos otros, se quebró por el dolor.