La vida de Daniel Sancho (30 años) ha cambiado radicalmente en los últimos meses. Tras ser condenado a cadena perpetua por el asesinato premeditado del médico colombiano Edwin Arrieta el hijo del actor Rodolfo Sancho (49 años) lleva ya seis meses viviendo y adaptándose a su estancia en la prisión tailandesa de Surat Thani, donde cumple su condena en este centro de máxima seguridad tras ser declarado culpable en primera instancia del asesinato premeditado y el posterior descuartizamiento del doctor. Ahora hemos podido escuchar al español hablando sobre cómo está viviendo este reto en prisión, siendo la primera vez que se manifiesta al respecto.
Daniel Sancho habla desde la prisión en Tailandia
Según aseguran desde ‘EFE’, Daniel afirma que el ambiente en esta cárcel es “seguro” y “sano”, añadiendo que el hecho de que no haya drogas, tabaco y violencia ha favorecido a su estabilidad dentro de prisión. Debemos recordar que esta cárcel se encuentra a unos 600 kilómetros al sur de Bangkok y dentro de la misma podemos encontrar a más de 5.000 reclusos con penas de entre 15 años y la pena de muerte.
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Este medio asegura que el pasado 21 de febrero Sancho les describió el ambiente en el centro como “opresivo” por culpa del ruido continuo en los que destacaba los gritos, la megafonía y las televisiones en el pasillo que afirma que no dejan de escucharse en la celda que comparte actualmente con 16 presos y en la que se duerme en el suelo sobre mantas.
A pesar de estas condiciones y de dormir en el suelo, el medio asegura que el joven mantiene un aspecto saludable y que Sancho les comenta que “nunca me he sentido amenazado. No hay una mafia en la cárcel. Hay muchos guardias y los presos saben que el buen comportamiento es lo que les va ayudar a reducir las penas”.
La prisión de Surat Thani, descrita por Daniel Sancho
Esta cárcel esuna de las más grandes del país y tiene entre sus paredes 4.618 presos hombres y 616 reclusas, según asegura este medio que han podido saber gracias a las últimas cifras del Departamento de Correccionales. Aunque está más masificada, Daniel cuenta que se encuentra mejor en este centro que el de Samui, donde estuvo varios meses a la espera de su juicio.
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Primera imagen de Daniel Sancho tras 66 días en prisión.
Telecinco
En esta nueva prisión hay pocos reclusos que hablen inglés, pero el hijo del actor comenta que “siempre hay agua corriente, no hay cortes de luz, está limpia y además la cárcel está organizada por los funcionarios, y hay más orden que en Samui”, por lo que su día a día es bastante más llevadero. Además, a los hombres presos se les sirven tres comidas diarias, pero también se les da la posibilidad de pagar por otros platos que se realizan en el módulo de mujeres y que Sancho define como "excelentes", siendo los paquetes de café la moneda de cambio.
El día a día de Daniel Sancho en prisión
El citado medio también ha contado cómo es el día a día del joven, comenzando a las 6:50 de la mañana, momento en el que deben salir de sus celdas y a las 8 de la mañana se lleva a cabo un conteo en el patio en el que se canta el himno nacional y el del rey, realizando un rezo budista y enumerando una lista de 20 normas del centro.
Ya no se vuelve a rezar hasta las 16:00 horas, momento en el que se cuenta a los presos de nuevo y estos vuelven a sus celdas, donde no tienen conexión a internet ni acceso a información del exterior, ya que el acceso a los medios está muy controlado. Daniel convive con muchísimos presos asiáticos, siendo solo tres occidentales, compartiendo modelo con un austriaco y australiano, condenados por tráfico de drogas: “Cuando eres extranjero formas parte de otro sistema y hay otro trato”, comenta Daniel, aseverando que no pueden “hablar con casi nadie ni ver la televisión”, teniendo también a sus familias “lejos”.
En estos seis meses que lleva encerrado, el exchef ha continuado haciendo ejercicio a diario y leyendo todo lo que puede, siendo las pocas actividades que puede realizar ya que en esta prisión no hay actividades ni programas de reinserción, especialmente para los extranjeros, que no pueden trabajar en el centro.
Es por eso que el centro permite a estos presos tener más videollamadas que los demás y alargar sus visitas en persona para que puedan pasar más tiempo con sus seres queridos cuando van a verlos. De hecho, el joven habla cada semana con sus padres y con sus abogados.