Leo en La Vanguardia que según un trabajo llevado a cabo por la Fundación BBVA el setenta y siete por ciento de los españoles rechaza los toros. El pasado diecinueve de marzo, Felipe VI asistía a una corrida en la plaza de Valencia. Me cuesta entender por qué el Rey se empeña en desilusionar a la mayor parte de la sociedad. Quizás la respuesta es que tenga que contentar a esos pocos que desde siempre manejan el cotarro del poder en España. Entre los que reparten carnés de españolidad puntúa doble hacer ostentación de tu amor por los toros. No importa que no tengas ni idea de las normas o reglas: lo que cuenta es que te signifiques y vayas a las plazas a ver cómo torturan y asesinan a un pobre animal. Despreciar los toros como parte de nuestra cultura es una idiotez.
Otra vez las dos Españas
Que se sigan celebrando corridas hoy en día es una aberración. Para los que van a la plaza, los que no vamos somos menos españoles. Españoles de tres al cuarto. Españoles que no merecemos haber nacido en España. Sin embargo, yo entiendo cada vez menos a aquellos que van a los toros. Hay muchos que van no porque les gusten sino por fastidiar a los que están en contra. Lo de siempre, las dos Españas. Nos mueve más el placer de dar por saco al prójimo que el placer en sí mismo. Me ha decepcionado Felipe VI porque si aspira a convertirse en el Rey de una sociedad moderna no debería apoyar con su presencia celebraciones que perpetúan la imagen de una España anclada en el desprecio al sentir del mundo animal.
Que vaya a los toros y no haya hecho acto de presencia en ninguna de las celebraciones del Orgullo, por ejemplo, da muestras de la desconexión que existe entre la Corona y la sociedad española. Conozco la excusa: “No es lo mismo”, sentenciarán los todólogos. Desde luego, admito yo. Es peor. Porque mientras en las plazas se aplaude la muerte, en el Orgullo se celebra la vida. La diferencia está clara. “Pero el Orgullo es política”, sostendrán los monárquicos recalcitrantes. Es que todo es política, añado yo. También, por supuesto, la presencia del Rey en una plaza. Recordemos que el ministerio de Cultura ha suprimido el Premio Nacional de Tauromaquia y hay comunidades que han puesto el grito en el cielo porque consideran la medida una afrenta nacional, casi un sacrilegio.
Monarquía inclusiva
En el siglo XXI, la Corona será inclusiva o no será. También valiente e impredecible. De lo contrario, la parroquia se irá quedando sin fieles. Apoyar fiestas que generan tanta controversia e incluso rechazo no parece que sea el camino a seguir por un soberano que pretende hacernos creer que está al tanto de lo que opina su pueblo. De ese palo iba su padre y ya sabemos cómo ha acabado la vaina. Por cierto, sobre nuestra monarquía y el Orgullo. Doy con un artículo firmado por Eduardo Álvarez en El Mundo titulado ‘Felipe VI y Letizia, los reyes menos Orgullosos de Europa’. Y señala como una constante la falta de guiños a la comunidad LGTBIQ+, mientras que el resto de monarquías europeas no tienen ningún problema en vincularse a ella. Así que: Majestades, más carrozas y menos toros.
Necesito primavera
Escribo estas líneas el domingo. No ha llovido. Por fin. No voy a echar de menos la lluvia. Necesitaré unos días para recolocar mi ánimo, que ha estado al borde mismo de la desesperación. Como le ha sucedido a tanta gente. No puedo con más agua ni con más oscuridad. Necesito primavera. Creo que este invierno he envejecido unos diez años. Lo he llevado peor que el anterior. Y sé que el próximo será peor todavía. Este fin de semana he sido incapaz de trazarme un plan que me pusiera mínimamente las pilas así que he optado por comer regaliz negro y dormir más horas que un reloj.
Después de tantos días de lluvia me asalta una duda: ¿Cómo era esto de vivir sin agua? ¿Hacía planes? ¿Quedaba con amigos? No me acuerdo, eso es lo malo. Sí que he aprovechado para ver ‘Adolescencia’ en Netflix. Y me ha dejado muy mal cuerpo, como a todo el mundo. Qué tranquilidad no ser padre porque se debe pasar muy mal siéndolo. Qué difícil hoy en día tener hijos. Qué duro prepararlos para un mundo en el que el mal se cuela por cualquier resquicio. Hay que ser muy valientes para ser padres.
La popularidad de Montoya
Admiro a los que se han decidido porque hay que plantarse y enfrentarse al miedo que puede llegar a generar tomar la decisión. Porque ¿qué haces luego si tu hijo te cae mal? ¿si te defrauda porque consideras que es un negado? O ¿cómo aguantar a un hijo antipático? Pienso en cómo estarán ahora mismo los padres de Montoya viendo cómo su churumbel se ha convertido en una celebridad nivel dios. Yo estaría muy preocupado porque la popularidad del muchacho es arrasadora.
Publican un artículo en Vertele con el siguiente título: ‘El empacho de Montoya en Telecinco, estrella en seis de siete noches esta semana entre ‘Supervivientes’ y ‘Tentaciones’. Señala el autor que “hay voces alertando de posible desgaste por la explotación del personaje”. No estoy de acuerdo con esas voces. Es muy difícil que un personaje atrape y en las contadas ocasiones que eso ha sucedido el espectador siempre quiere un poquito más. Montoya ha llegado para quedarse. No será ‘Supervivientes’ el formato que lo queme y eso, tal y como va de rápido la televisión hoy en día, es un auténtico milagro.