Tengo una compañera que es una fan de la leche condensada. Solo te diré que, algunos días, su almuerzo del mediodía es pan de molde con leche condensada. "Cómo meterme 2000 calorías en el cuerpo en solo 5 minutos", dice siempre riendo. Son días en que necesita levantar el ánimo y desde luego que la leche condensada le da un chute de energía.
Pero la leche condensada tiene una historia que merece ser contada. Hoy para nosotros es un ingrediente de muchos postres y dulces (como la crema de yogur con leche condensada de la foto), pero hubo un tiempo en que tener una ración de este producto (o no tenerla) era la diferencia entre vivir o morir. Tal cual. Los soldados unionistas, durante la Guerra de Secesión estadounidense (1861-1865), llevaban siempre leche condensada en su mochila por deseo expreso del Gobierno Federal de los Estados Unidos.
Hacía solo 4 años que el neoyorquino Gail Borden había patentado la leche condensada, que se comercializaba bajo la marca Eagle Brand (que, por cierto, aún existe hoy en día). Cinco años de investigación le costó dar con la manera de condensar la leche. Pero, ¿por qué esa fijación de Borden con la leche condensada? Pues porque en un viaje de vuelta a casa desde Inglaterra, en 1851, vio morir a varios niños por haber consumido leche de vaca en mal estado. Y no paró hasta conseguir reducir la leche, sin quemarla ni cuajarla y poder almacenarla sin refrigeración.
La idea de Borden era que se pudiera añadir agua a 125 mililitros de leche condensada para obtener 1 litro de leche "normal". Pero la verdad es que nunca llegó a sustituir a la leche, triunfó más como chuchería y como ingrediente para postres. Dulzor no le falta, desde luego... Porque para que se conserve, a la leche se le quita el 80% del agua y se le añade entre un 30 y un 50% del volumen de leche en azúcar. OMG. ¡Está claro que no se puede comer leche condensada cada día!
Pero, de vez en cuando... ¿por qué no? Déjame decirte cuáles son mis postres favoritos con leche condensada. Los pongo en lista, pero todos me gustan por igual, solo que cada uno tiene su momento.
Y para cualquier día entre semana, cuando quiero darme un homenaje (como mi compañera), me preparo un bol de fresas y las riego con un buen chorro de leche condensada. ¡De vicio!
Muchas gracias por estar al otro lado de la pantalla.
El viernes que viene, más.
Buenas compras
Recetas que te gustarán